22 septiembre, 2021
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Todo acerca del Baño de bosque

Para sacudirse el estrés, el movimiento Mindful travel recomienda salidas en busca del equilibrio interior y de una conexión particular con la naturaleza.

No hablamos de irse a un retiro a lo largo de una semana y mucho menos encerrarse en un monasterio budista para reflexionar día y noche, sin contacto con nadie. Todo lo opuesto.

La enfermedad pandémica, el encierro prolongado y la malestar acumulado permanecen propiciando una nueva forma de viajar o de soñar por lo menos con la probabilidad de realizarlo en el corto plazo. Un criterio innovador como el mindful travel, que se comenzó a dar a conocer hace apenas unos años, toma nueva fuerza en tiempos del covid-19. Dichos viajes, si bien se desprenden de la práctica del mindfulness, la técnica de reflexión que acerca a un estado de fuerte conciencia, no son para pensar, sino para buscar la igualdad entre cuerpo, mente y alma, para poder hacer dicha desconexión importantísima, para descargar los niveles de estrés y conseguir tranquilidad, entre muchas otras cosas.

“El mindful travel va en busca del equilibro interior, pero también el equilibrio con el planeta, el bienestar de otros seres humanos, con tecnología transformadora que ayude. Es un estilo de vida para adquirir nuevos hábitos y que se lleva también al ocio, a los viajes”, explica Jimmy Pons, desde España, uno de los fundadores de la Sociedad Mindful Travel Destinations, una organización sin fines de lucro dedicada a dar a conocer este modo de viajar en su territorio y en el planeta. Jimmy adoptó este estilo de vida hace bastante más de 10 años, una vez que, según dice, la vida le otorgó un golpe, en su caso una gigantesca crisis profesional, y le hizo abrir los ojos y modificar.

“Hacemos dos viajes en uno, como las ofertas 2×1: un viaje a un destino que elegimos y también un viaje interior. Mucha gente nos ve como neohippies y no tiene nada que ver, tenemos una filosofía de nuevos viajes, que la plasmamos en un manifiesto. Cada vez somos más y cada vez se suma más gente que busca este tipo de salidas, de actividades que le ayude a buscar calma y paz”, añade Pons, a partir de su vivienda en las Sierras de Madrid, a 50 kilómetros de la ciudad más importante de España, un ámbito serrano, que garantiza es ideal para estas prácticas.

Sin bien los viajes en la filosofía mindful travel poseen puntos de vista de contacto con el wellness, se recomienda superarlo, ya que incluye además una inquietud por el otro y el ámbito donde se hace, más allá del confort personal.

Un viaje con estas propiedades frecuenta integrar una época de reflexión, yoga, comida sana, talleres de creatividad, de construcción de esencias y aceites, compartir vivencias, oír cuencos tibetanos. Se puede aprender sabiduría emocional, sembrar árboles o hacer sanitarios de bosque. “No hay nada en concreto que deba estar o que deba hacerse. Son actividades que ayudan a reflexionar, a respirar aire puro, a estar contigo mismo, a hacer ejercicios sin agotarse. No es encerrarse a encontrarse con uno mismo, no promulgamos eso”, aclara Pons.

Árboles que sanan

Los sanitarios de bosque son una de las ocupaciones propuestas por esta manera de hacer turismo más nuevas, que ya hace bastante poco además se hacen en la Argentina.

“El baño de bosque consiste en un paseo lento de inmersión progresiva en la naturaleza, es sencillo, pero tiene una estructura pensada para que la persona se vaya desacelerando del día a día y de a poco se despierten los cinco sentidos, que es fundamental. Es un paseo de conexión y de inmersión en el mundo natural”, explica Rocío Ferraro, una de ambos únicos guías argentinos certificados por la Forest Therapy Hub, que forma guías a grado universal. Rocío hace los sanitarios de bosque en el sector norte de la provincia de Buenos Aires y en Cariló y Juan Aubert, el otro guía, en Villa La Angostura. No importa el sitio, lo fundamental es descubrir bosques con paisajes sonoros ricos, donde sea protagonista la naturaleza, sin rutas y otros ruidos cerca.

Los sanitarios de bosque duran entre 2 y 3 horas, lo primordial para obtener los resultados positivos de la naturaleza, como las fitoncidas, esencias que emiten los árboles, que fortalecen el sistema inmune. No se recorre bastante más de un kilómetro, sin embargo otorgan un estado de confort, que se acumula hasta un mes, según cuenta Ferraro.

“Es una experiencia muy personal, de sensibilidad sensorial, un encuentro con uno mismo, con estímulos del mundo natural, apta para todos, incluso también para chicos. Una salida necesaria para sobrellevar estos meses de pandemia”, añade.

Esta práctica, que se denomina Shinrin-yoku, surgió en Japón en la década del 80 como una idea terapéutica frente a el aumento de casos de estrés y poco a poco se extendió por el planeta.

Una de las tantas alternativas para los que buscan otra forma de viajar y de conectarse con la naturaleza.